Libros infantiles que dejan huella y criterios a tener en cuenta

Elegir un libro para un niño o niña no debería ser algo que nos tomáramos a la ligera. Los niños tienen que leer mucho, y lo que leen debe ser de calidad. No todo vale, ya que ellos están en una edad de conformación de la realidad, y por eso hay que tener cuidado con lo que les ofrecemos.

En este artículo he hecho una pequeña selección de libros que me gustan por su contenido y por sus ilustraciones. También hago un poco de análisis, por si os sirve de ayuda para la próxima vez que tengáis que escoger un libro.

Pequeña en la jungla

El primer libro de mi selección lo compré pensando en mi hijo. Mi hija Sílvia nació a principios del 2012, y mi hijo Adrià nació prematuramente a finales del año 2013. Eso significa que, llevándose casi dos años, están en cursos consecutivos. Además, Adrià es de los pequeños de la clase. Qué diferente es todo para él, cuánto esfuerzo tiene que hacer para seguir el ritmo de sus compañeros. Además tiene su orgullo y no se deja ayudar, con las frustraciones que eso comporta… Pero cuando consigue lo que se propone ¡es inmensamente feliz!

Pequeña en la jungla va de eso, de ser la menor de un grupo y de sus implicaciones. Porque cuanto más pequeña es una, mayores son los retos, pero también la satisfacción que se obtiene al superarlos. Es un libro encantador, como todos los que escribe e ilustra Marta Altés (seguro que conocéis su bestseller Soy un artista). Me encanta cómo la autora conecta con el pensamiento infantil, y cómo sus libros, aparentemente simples y sin moralina, te dejan con buen rollo y pensando “¡qué bueno, qué bien reflejado!” Además, no nos olvidemos de la mirada de género. La protagonista es femenina. ¡Y valiente!

Con Tango son tres

En el zoo de Central Park vive una pareja de pingüinos macho, Roy y Silo, que lleva una vida igual a la de las otras parejas de pingüinos. Igual hasta el día en que ven que de la piedra que están incubando no sale ningún polluelo. Su cuidador, al darse cuenta, les pone un huevo de otra pareja que había tenido dos y, al cabo de un tiempo, nace Tango. Tango fue la primera pingüina en tener dos padres.

El libro fue publicado en 2005, y aunque fue criticado por sectores conservadores de la sociedad americana y prohibido en muchas bibliotecas y escuelas, ha recibido muchos premios y ha sido éxito de ventas. Por si no lo sabíais, es una historia real.

Descubrí este libro en la feria del libro infantil y juvenil que hacen en Barcelona (Món Llibre) y me encantó. Se lo leí a mis hijos y aprovechamos para hablar de los diferentes tipos de familia que existen y para pensar en gente que conocemos que no se adapta al modelo tradicional. Me parece importante que desde pequeños se familiaricen con el tema de las distintas orientaciones sexuales y con los diferentes modelos de familia. En el mundo de los niños, el concepto de normalidad (no como término estadístico, sino como juicio de valores) lo van conformando a medida que van observando las actitudes de la sociedad frente a las cosas. Me gusta pensar que cuando les leo Con Tango son tres estoy contribuyendo a que mis hijos vivan con normalidad el tema de las orientaciones sexuales y los modelos de familia, y que sean parte de una sociedad más tolerante. Además, ¿y si el día de mañana ellos son parte de esa minoría? Mejor que lo vivan abiertamente y que reciban la tolerancia de su entorno.

La rateta que llegia a l’escaleta (La ratita que leía en la escalera)

A día de hoy, este libro solo está en catalán.

Ya os habréis fijado en que, últimamente, florecen las versiones de los cuentos de toda la vida pero desde una óptica políticamente correcta. Colecciones como Érase dos veces de la editorial Cuatro tuercas o Contes desexplicats de la editorial Baula son algunos ejemplos de esta tendencia. Me parece una buena iniciativa, ya que no todos los libros, por muy infantiles que sean, deberían ser leídos a nuestros hijos pequeños si de verdad nos importa qué valores les queremos transmitir. Por mucho que sean el reflejo de una época determinada que nada tiene que ver con la nuestra, eso los niños no lo saben. Cuando sean mayores y tengan un espíritu crítico bien formado podrán discernir si comulgan o no con lo que están leyendo. Así por ejemplo, estaréis de acuerdo conmigo con que en los cuentos de Charles Perrault (La Cenicienta, Caperucita Roja, La Bella Durmiente…) la figura femenina sale mal parada si tenemos en cuenta criterios feministas básicos (mujer pasiva, mujer florero, mujer que es rescatada por un hombre, mujer harpía…)

Volviendo a las versiones políticamente correctas de los cuentos clásicos, también tengo mis dilemas. Si os soy sincera, a menudo me da la sensación de que algunos de estos libros caen en una tendencia demasiado adoctrinadora al explicitar el mensaje que hay detrás de la historia. Os pondré un ejemplo de una versión de Los tres cerditos en que el Lobo es bueno y ayuda a los tres cerditos (de los tres, uno es una cerdita) a construir su casa. En un momento del cuento el Lobo dice así:

-Chicos, vosotros cargaréis las carretillas y, Matilde, tú puedes quedarte haciendo la comida. […]

-Puede que tú también te hayas creado una opinión de nosotros tres sin conocernos. A mi me gusta cargar y no me gusta nada cocinar. A mi hermano, en cambio, le encanta cocinar y odia todo lo que tenga ruedas, incluidas las carretillas -dijo la cerdita.

-Creo que has pensado así porque ella es chica y yo soy chico. -añadió el cerdito pequeño.

-Sí -continuó el mayor-. A mí, por ejemplo, me encanta el rosa… y soy chico.

Hubiera preferido algo más sutil, como que el lobo no hubiera hecho ningún reparto de tareas, y que un cerdito macho se hubiera puesto a cocinar por iniciativa propia, y que la cerdita hubiera cogido la carretilla. En definitiva, que se hubieran ahorrado el mensaje moral. Me parece un error subestimar al lector y explicitar demasiado, incluso cuando la audiencia son niños.

Como dice Bel Olid en su libro Las heroínas contraatacan y a propósito de un libro que no viene al caso (creo que también este libro está solamente en catalán, por lo que traduzco este fragmento):

Como hemos visto por el argumento, este libro no es nada sutil en el planteamiento del problema ni en el mensaje moral que quiere transmitir, que incluso hace explícito uno de los personajes. Este es uno de los defectos menos tolerados por los críticos de la literatura infantil: una moral excesivamente evidente da a los textos un regusto marcadamente pedagógico del que hay que huir, y que además acostumbra a ir en detrimento de su calidad literaria.

El escritor James Finn Garner, a modo de contrapunto y de la manera más satírica, ha creado una colección llamada Cuentos infantiles políticamente correctos. En ella encontramos perlas como esta:

Hola, Cenicienta, soy el responsable de tu padrinazgo en el reino de las hadas o, si lo prefieres, tu representante sobrenatural privado. ¿Así que deseas asistir al baile, no es cierto? ¿Y ceñirte, con ello, al concepto masculino de belleza? ¿Apretujarte en un estrecho vestido que no hará sino cortarte la circulación? ¿Embutir los pies en unos zapatos de tacón alto que echarán a perder tu estructura ósea? ¿Pintarte el rostro con cosméticos y productos químicos de efectos previamente ensayados en animales no humanos?

Aquí observamos un revisionismo ficcional llevado al extremo, ya que más que un cuento infantil parece un panfleto feminista. Evidentemente son textos pensados para adultos y desde el humor, pero al mismo tiempo nos hacen cuestionarnos algunas cosas que a menudo pasan desapercibidas. Si los adultos elegimos y compramos los libros que van a leer nuestros hijos, debemos tener una mirada crítica. Y eso se entrena.

Toda esta divagación para que entendáis por qué me gusta el libro La rateta que llegia a l’escaleta. En primer lugar, porque es una ratita que, con la moneda que encuentra, no se plantea comprarse cosas “de chicas”, sino que se compra libros porque le encanta leer. En segundo lugar, porque a pesar de ser una intelectual, no le cierra las puertas a una relación amorosa. A menudo en la literatura tradicional los personajes femeninos intelectuales están amargados, llevan gafas, son desgarbados y gruñones y no tienen vida sentimental. En tercer lugar, porque su criterio para escoger pareja va más allá de lo superficial. La ratita pregunta a sus pretendientes cuál es el último libro que se han leído. En cuarto lugar, porque el final feliz no es solo que encuentra a su media naranja (algo típico en la literatura tradicional: encontrar pareja como último fin de la mujer), sino que juntos se embarcan en un proyecto: crear una biblioteca y promulgar el amor por los libros. Y todas estas conclusiones las acaba deduciendo el lector, de manera más o menos consciente, sin necesidad de que el autor explicite el mensaje. Seguramente un lector joven no hará un análisis como el que yo he hecho, pero del mismo modo en que la literatura tradicional nos tiene acostumbrados a ciertos estereotipos sin que muchas veces seamos conscientes de ello, también podemos hacer que nuestros hijos se acostumbren a otras realidades más justas.

 

La importancia de leer en la infancia

De todas las fiestas, creo que la de Sant Jordi es la que más me gusta. Un día que gira en torno a la literatura, en que las calles se llenan de puestos de libros y de rosas, en que la compra de algún libro es casi obligatoria y no me siento mal por sucumbir al impulso consumista (un libro es siempre una buena inversión). Las rosas que se venden este día son, en general, demasiado embalsamadas y sintéticas para mi gusto. Por eso prefiero que me regalen un rosal chiquitito, de pitiminí, para cuidarlo y disfrutarlo durante más tiempo. Creo que la tradición de que el regalo para los hombres es un libro y el regalo para las mujeres es una rosa hace tiempo que fue actualizada. ¡Nosotras también queremos libro!

Como comentaba en anteriores artículos, la maternidad me ha traído unas gafas que han ampliado mi espectro de intereses e inquietudes. Os confesaré que la sección en la que más tiempo paso cuando entro en una librería es la de literatura infantil (seguida por la sección de educación y crianza). Me encantan los álbumes ilustrados, y ahora que ya hemos dejado atrás los cuentos de animales de la granja con ruiditos y texturas, cada vez me lo paso mejor. Evidentemente, la educación de los hijos empieza desde el minuto cero, y los animalitos de la granja tienen su importancia, pero en mi opinión, es a partir de los tres/cuatro años cuando empieza la diversión. No es que tenga prisa por que mis hijos crezcan, pero cuando encuentro un libro que me encanta pero que es para niños mayores, no puedo evitar pensar en el día en que podrán entenderlo y en lo bien que nos lo vamos a pasar leyéndolo. La verdad es que cuesta reprimirse y no comprarlos todos.

Los niños se convierten en lectores en el regazo de sus padres. Emilie Buchwald.

Quiero que mis hijos amen los libros, y para ello hay que predicar con el ejemplo. Hace tiempo que desterramos las tabletas en casa, y ya no miramos la tele. Eso nos deja muchísimo tiempo para la creatividad y la lectura. Además, todos estamos más presentes y se estrechan los vínculosTienen que vernos leer y disfrutar haciéndolo. Tienen que percibir que la lectura es algo fascinante. Mi hija últimamente dibuja retratos de familia en los que llevamos un libro en las manos 🙂

Esa cosita que hay en la mano derecha de mi marido es un libro

Quiero que mis hijos sean capaces de hacer cosas por voluntad propia, que tomen la iniciativa en sus momentos de juego y no que sea cualquier vídeojuego o aplicación “educativa” la que determine qué tienen que hacer en cada momento.

Quiero que sean capaces de estar concentrados durante un buen rato mientras hacen cualquier actividad sin tener que estar pendientes del constante bombardeo de estímulos que les proporcionan las maquinitas.

Quiero tenerles totalmente entregados mientras les leo un cuento.

Quiero que sueñen, que imaginen y que viajen a mundos fantásticos sin moverse de casa.

Quiero que desarrollen un espíritu crítico, que sepan ordenar sus ideas y expresar correctamente sus pensamientos.

Quiero que tengan un léxico rico y una buena gramática, porque la manera como nos expresamos dice mucho de nosotros.

Quiero que sepan cómo son los países, los mares, los animales, las montañas, los pueblos, las culturas, las tradiciones. Que vean que hay otros mundos, otras gentes y otras maneras de pensar, y que aprendan a ser tolerantes.

Quiero que se rían, que se emocionen o incluso que se indignen al leer.

Quiero que sean felices con un libro entre sus manos.

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Cómo celebrar los cumpleaños de una manera más educativa

 

Hace unos días celebramos la fiesta de cumpleaños de mi hija. Bueno, el de mi hija y el de la mitad de sus amiguitos de clase, porque hacemos una sola fiesta por trimestre. El año pasado sentamos las bases de lo que iban a ser las celebraciones de cumpleaños, y estoy encantada. Os explico cómo nos lo montamos, por si os gusta alguna idea:

En primer lugar, buscamos una fecha que nos vaya bien a todos, o por lo menos a las familias de los homenajeados. Quizás sea la parte más complicada. Nosotros usamos Doodle para facilitar el proceso. Una vez fijado el día, se lo comunicamos al resto de las familias y lo demás ya es pan comido.

¿Dónde celebramos los cumpleaños?

Vamos a un parque y, a menos que llueva, yo solo le veo ventajas. Porque me encantan los parques, porque los niños van sueltos y les da el aire y el sol (¡vitamina D!), porque juegan con objetos de la naturaleza y el juego es más creativo, porque se ensucian, y cuanto más sucios más felices, porque pueden gritar a todo pulmón y no retruena en mi cabeza, porque hay otros niños, porque no hay que preocuparse por si ensucian los muebles o las paredes, porque recoger al final de la fiesta es más fácil, porque es gratis… En fin, donde esté el parque que se quiten los chiquiparks.

¿Cómo nos organizamos para preparar el cumpleaños?

Cada familia implicada se encarga de un aspecto (bebidas, aperitivos, bocadillos…). A nosotros nos tocó fungibles (vasos, platos, servilletas, mantel…) y decoración. La verdad es que me sabe muy mal generar tanto plástico, así que me fuí a una tienda Tiger y compré unos vasitos de papel chulísimos. Salen más caros que los de plástico, pero por un día… Aunque lo suyo sería llevar vajilla de la que no es de usar y tirar, cosa que hago cuando somos menos gente. También encontré unas guirnaldas de papel de colorines que quedaron super bien. Un consejo: llevad un rotulador permanente para marcar los vasos y evitar que la gente los pierda y tenga que coger uno nuevo cada vez.

Respecto al tema comida, voy concienciada con que ese día van a comer de cualquier manera. Lo llevo asumido y así no me agobio. De todos modos, intentamos que no haya mucho azúcar. No ofrecemos golosinas ni bebidas azucaradas, sólo agua y zumos, y los pasteles son caseros. Y también llevamos fruta cortada. Es posible que la mayor parte nos la acabemos comiendo los padres, pero así va calando el mensaje de que la fruta también es una opción buena y divertida. Creo que muchas veces la comida tiene el significado que nosotros le queramos dar desde casa. Si cuando celebramos algo solo ofrecemos comida de poca calidad nutricional, al final los niños se quedan con la idea de que la fruta y la verdura son aburridas y que no tienen cabida en eventos festivos. No deberían asociar la comida basura con celebraciones y ocasiones especiales, y si alguna vez les damos algún capricho, mejor no darle más importancia.

Algunas ideas de aperitivos saludables:

Brochetas de frutas, piruletas de fruta bañadas en chocolate 70%, hummus, guacamole, palitos de zanahoria, palitos de pan, tortilla, pizza casera, quiche de verduras, frutos secos (mis hijos últimamente están obsesionados con los pistachos y los cacahuetes con cáscara), nocilla casera (yo hago esta, que está buenísima), pinchitos de melón con jamón, helados de fruta caseros…

Animación para el cumpleaños

Bueno, tampoco es que los niños necesiten que se les estimule mucho para que se lo pasen bien todos juntos en un parque, pero como se trataba de una celebración quisimos darle un toque más festivo. Para empezar, mi marido se puso a hacer espadas, gorros y perritos con globos. Si no habéis hecho nunca, no os preocupéis; solo tenéis que introducir la palabra globoflexia en el buscador y os saldrán un montón de tutoriales. Para facilitarnos la vida, usamos el inflador de pelotas de Pilates que venden en el Decathlon.

Mucho mejor que los que venden para inflar globos. Fue un éxito total, pero os aconsejo que llevéis una cantidad limitada de globos. Mi marido no daba abasto, entre los niños de nuestra fiesta y los de la fiesta de al lado…

Otro hit infantil es el pintacaras. Nosotros tenemos este kit de maquillaje de la marca Snazaroo porque las pinturas son de muy buena calidad, tiene esponjitas y gel con purpurina. Y claro, si llevar la cara pintada ya es total, cuando lleva el toque de purpurina ya ni os cuento. Además lleva una chuleta con diferentes diseños explicados paso a paso, con lo que los resultados son muy buenos. Es alucinante ver cómo hasta el niño más movido aguanta pacientemente mientras le pintas la cara.

Para que hicieran algo de manera más activa, el año pasado llevé cartulinas, colores, pegatinas y tijeras para que crearan su propia corona personalizada. Pensaba que, estando en el parque, no les harían ni caso, pero no fue así. Al final todos llevaban corona, tanto los que cumplían años como los que no. Este año no lo hicimos porque había amenaza de lluvia y no teníamos claro si podríamos hacer la fiesta. Total que al final hizo un día de verano de esos que te dejan colores en la cara y nos perdimos la confección de coronas, pero doy fe de que todo lo que sean actividades manipulativas y creativas suele ser una buena idea.

Otra cosa que nos perdimos por miedo al mal tiempo fue la guerra de globos de agua. Si tenéis la suerte de que vuestra celebración cae durante los meses cálidos, las actividades con agua son el no va más. Globos, pistolas de agua, circuitos de agua en el suelo, piñatas de agua hechas con globos y con las que hay que mojarse (literalmente) para conseguir el premio… Además, como beneficio colateral tenemos que agua+tierra= ¡barro!

Para que los niños trabajen en equipo, os propongo que ideéis una búsqueda del tesoro. Una mamá del grupo tuvo la idea y nos tuvo a los niños y a los padres en vilo todo el rato. Fue genial. En nuestro caso, unos piratas se infiltraron en nuestra fiesta y se llevaron todas las velas de los pasteles, con lo que era de vital importancia encontrarlas. Nos dejaron una carta colgada de un árbol donde nos explicaban por qué se las habían llevado y cómo las podríamos recuperar. A cada niño le pusimos una pegatina con un número y tenían que encontrar a otro niño con el mismo número para que fuera su pareja. Como la fiesta era para niños y niñas de cinco años, la cosa no podía ser muy complicada. Además, si la recompensa tarda mucho en llegar, es posible que a estas edades pierdan interés fácilmente. Lo importante es adaptar el reto a la edad de los niños.

Y para finalizar, y una vez encontradas las velas, quedan los pasteles. Como he dicho antes, los hacemos en casa, y aunque en general no son tan resultones sí son más buenos y saludables. Además, os diré el secreto que hace que el pastel casero más modesto le dé mil patadas a cualquier pastel de diseño: lacasitos. No sé qué tienen, pero el segundo después de soplar las velas los niños se abalanzan como fieras para arrancarlos de encima de los pasteles. Eso si no los han estado arrancando antes a escondidas durante la confusión del momento.

Y hasta aquí nuestra fiesta. A partir de este momento, poco a poco las familias se fueron marchando, todos ayudando un poquito a recoger para que el parque quedara tal y como lo encontramos. Y ahora unas cuantas…

Reflexiones en torno a los valores educativos de las fiestas de cumpleaños

Hay muchas razones por las que me gusta tanto esta manera de celebrar los cumpleaños, porque aunque parezca algo muy casual, que lo es, también hay mucha reflexión detrás de algo tan simple como lo que hicimos el domingo. Y no solo en lo que hicimos, sino que también en lo que no hicimos. Porque cada uno tiene una manera de entender la crianza y hace las cosas conforme a sus principios.

En primer lugar, me gusta porque al ser una celebración en grupo no se entroniza a ningún niño ni se le vuelve el centro de atención. Para eso cada niño hace una celebración más íntima con su familia. Además, con el tema de la confección de coronas para todos, el protagonismo queda aún más diluido. Nuestra sociedad ya tiene demasiados niños con síndrome del emperador, con síndrome del niño hiperregalado, hiperconsentidos… entonces, mejor no contribuir más a ello, ¿no? Recuerdo con horror un cumpleaños al que fuimos en el que, en un momento de la celebración, se nos convocó a todos los asistentes, sentaron al cumpleañero en una silla y los invitados fueron a rendirle homenaje uno por uno ofreciéndole sus respectivos regalos. El protagonista emprendió la ardua tarea de ir desenvolviendo los regalos sin prestarles excesiva atención y sin aparente sorpresa. Eso sí, cuando hubo desenvuelto el último paquete y se dió cuenta de que el chorreo de regalos había dejado de fluir, se quedó muy frustrado, se levantó y se puso a jugar en el chiquipark sin hacer caso a ninguno de los presentes.

Y precisamente este es otro aspecto que me parece muy positivo: en nuestras fiestas de cumpleaños no hay regalos. Y como nunca ha habido, pues los niños ni siquiera los esperan. Habrá gente a la que le gustará, pero si en una clase hay 25 niños y niñas, eso significa que al cabo de un curso escolar vamos a tener que comprar, por lo menos, 25 regalos. No me parece ético imponer tal gasto a las familias, francamente. Parece que hoy en día haya que gastar para todo. Algo que antes se resolvía con un chocolate con churros en casa se ha ido sofisticando de tal manera que parece que si no pasas por la industria del ocio no eres nadie. Porque nos han hecho creer que para hacer una buena fiesta de cumpleaños hay que enviar invitaciones, alquilar una sala, elegir un tema para la decoración, contratar el catering, encargar una tarta de diseño, comprar regalitos para los asistentes, alquilar los servicios de un payaso, o de una orquesta, o de una mago. ¡La última que me han dicho es la de un photocall en una fiesta para un niño de dos años!

Me pregunto cuál es el objetivo de todo esto. Claramente es mucho más trabajo y gasto, y no creo que los niños vayan a ser más felices con este tipo de celebración. ¿No será que estamos convirtiendo otro aspecto más de la crianza de los hijos en una competición en la que uno no puede quedarse atrás?

Además, a menudo en estas fiestas el aforo es limitado, con lo que algunos niños se quedan fuera. Y sí, está claro que todos elegimos con quien queremos estar, y hay gente con la que nos llevamos mejor y gente con la que no acabamos de congeniar, pero cuando eres un niño y tu círculo social se reduce a los compañeros de tu clase y poco más, duele quedarse fuera de las celebraciones. Otra razón para elegir el parque: aforo ilimitado. Pasen y pónganse cómodos.

Fotos vía Visual Hunt

Pregunta para mi hija: y tú, ¿qué vas a inventar?

Mujer inventora

El otro día estaba en la cocina cuando vino mi hija y se puso a buscar dentro del cubo de reciclaje. Al cabo de un rato salió con las manos llenas de tapas y tapones de diferentes materiales y medidas, y cuando le pregunté que qué hacía, me dijo:

“Mamá, es que necesito muchos objetos distintos para ser inventora”.

Le iba a decir que no se hurga en la basura, pero ante semejante respuesta, me sentí de lo más orgullosa y la dejé hacer (que quede claro que sólo tocó la parte del reciclaje. Por si hay algún inspector de salud por ahí…).

Enlazando con lo que escribí sobre los estereotipos de género, os dejo un vídeo que nos hizo llegar un padre de la escuela. Muy inspirador. Se me ha puesto la piel de gallina (y quizás los ojillos brillantes…)

Ver en YouTube: What are you going to make?

Me encanta la frase de una de las niñas hacia el final. Porque no solo se trata de hacer ver al mundo que también hay mujeres que han inventado cosas con mucho impacto social. El hacerlas visibles también sirve de estímulo para nuestras hijas. Si otras mujeres antes han hecho todas estas cosas, yo también puedo.

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Foto inicial de Olabi Makerspace vía Flickr.

Esta entrada tiene una licencia Creative Commons BY-SA (Atribución, Compartir igual).

¿Urbanismo de género?

Convertirme en madre ha hecho que sea una persona más sensible a todo lo que pasa a mi alrededor. Las noticias me afectan el doble, puesto que no puedo evitar pensar en cómo repercutirán en mis hijos, o en cómo me sentiría si estuvieran en la piel de otros niños que no tienen su suerte. Ser madre de una niña, además, ha hecho que tenga la piel mucho más fina ante las injusticias de género. Y con eso no quiero decir que no tenga que preocuparme por mi hijo; todo lo contrario. Si todos educásemos a nuestros hijos, sean niños o niñas, en la igualdad de género ahora no estaría escribiendo este artículo. Y así voy, observando el mundo desde este nuevo prisma que me ha traído la maternidad.

Hoy, mientras volvía a casa en autobús, he cogido un periódico abandonado en un asiento y me he puesto a hojearlo. Cuando llegaba al final, una noticia me ha llamado la atención: “El urbanismo barcelonés tendrá más en cuenta a la mujer”. ¿Urbanismo de género? La verdad es que puedo entender que el urbanismo tenga en cuenta a los niños, a los ancianos, a los minusválidos, o a cualquier colectivo cuyas capacidades físicas, motoras o cognitivas sean insuficientes para que estos puedan moverse libremente por la ciudad. Y puedo entender que el urbanismo tenga en cuenta a los jóvenes, a las familias, a los animales, a los peatones, a la gente que se desplaza en bicicleta, a los deportistas, a los skaters… Pero ¿en qué sentido habría que adaptar la ciudad para las mujeres? ¿Acaso tenemos necesidades distintas a las de los hombres? Pues según la noticia, hay gente que piensa que sí. A partir de ahora, en Barcelona habrá menos calles, plazas y parques que tengan rincones y zonas oscuras para garantizar la seguridad de las mujeres, y la vía pública será más accesible para que podamos llevar mejor los carritos de la compra, los cochecitos de bebé y las sillas de ruedas de las personas a las que cuidamos. Bufff…

Me parece fantástico que las ciudades se conviertan en lugares más amigables, donde no haya inseguridad ni barreras arquitectónicas y donde todos sintamos que se nos tiene en cuenta. Lo que me parece triste es que aún hoy en día se piense en la mujer como el colectivo que cuida de los otros, que lleva a los niños al cole, al médico, que cuida de los mayores y que va a hacer la compra. Y sí, soy muy consciente de que, hoy por hoy, es nuestra realidad, y que por las calles la mayoría de personas que trajinan cochecitos, sillas y carros son mujeres. Pero etiquetar estas acciones urbanísticas como “urbanismo de género”, o decir que “se incorpora la mirada de género en el urbanismo para que la ciudad sea más igualitaria y segura”, es dar por buena la visión paternalista de la sociedad hacia las mujeres. Así, lo único que conseguimos es perpetuar la asignación de tareas que tradicionalmente se han asignado al género femenino. Y lo que más me sorprende es que haya sido la misma regidora de Feminismos y LGTBI la que ha anunciado estas medidas, argumentando que “hombres y mujeres no viven la ciudad de la misma manera”. ¿Por qué desde el ayuntamiento no anuncian este proyecto como “urbanismo inclusivo”, o “ciudades amables”, o con cualquier otra etiqueta que no sea “urbanismo de género”? Creo que están haciendo un flaco favor a las mujeres. 

Carta de un niño a la gente que hace parques

Señores y señoras que hacéis parques:

Soy un niño de 2 años. Hoy he ido al parque y me he puesto muy triste cuando he visto que el tren de madera ya no estaba. En su lugar había un tobogán y unos columpios. No me gustan tanto, porque siempre me tengo que esperar a que estén vacíos, y además mis papás me tienen que ayudar para subir y para usarlos. Antes podía jugar en el tren sin ayuda, porque era bajito por algunos sitios y alto por otros, y yo me subía donde podía y nunca me hacía daño. Además, como era tan grande, también podía jugar con mi hermana mayor y con otros niños sin tener que esperar. Y lo mejor de todo es que podía hacer muchas cosas. A veces trepaba por la pared que tenía cositas enganchadas, otras veces me escondía dentro del tren para que no me encontraran los monstruos, otras veces preparábamos la cena con palos y tierra, otras jugábamos a que éramos Spiderman y nos colgábamos de las cuerdas. Y muchas cosas más. Porque lo que más nos gusta es decidir cómo queremos jugar.

Sé que hacer parques no es fácil. Quizás no tenéis hijos que os expliquen cómo tienen que ser, pero mis amigos y yo sabemos mucho. Si venís a ver cómo jugamos y nos preguntáis, os podremos ayudar. Mis papás me han contado que hay unas personas muy importantes que dicen que las ciudades tienen que tener sitios para que los niños podamos jugar bien, y que los señores y señoras que hacen parques nos tienen que escuchar. Y mis amigos y yo nos hemos puesto tristes porque nadie nos ha preguntado si queríamos cambiar el tren por un tobogán.

Señores y señoras que hacéis parques, los niños y niñas tenemos una misión muy importante: tenemos que jugar mucho y bien, porque nos estamos preparando para cuando seamos mayores. Por favor, tenednos en cuenta, pero de verdad.

Yo no sé escribir, y casi ni sé hablar. Esta carta la ha escrito mi mamá, que me conoce muy bien y ha entendido lo que pensaba cuando ha visto mi cara al llegar hoy al parque.

Nota de la mamá: el parque en cuestión es el del barrio del Clot, en Barcelona.

 

Foto vía Visual Hunt

Rodilleras fáciles y originales

Mi hija destroza los pantalones. Es así, no hay nada que podamos hacer. El suelo del patio ejerce una atracción en ella más fuerte que mis peticiones y amenazas ruegos . Día tras día asisto resignada al espectáculo de ver sus rodillitas asomando por los agujeros de los pantalones. Y que conste que me encanta que sea una niña inquieta y activa, pero claro, una no es de oro…  Entonces me puse a pensar en posibles soluciones y di con estas:

1. Ponerle las clásicas rodilleras termoadhesivas ovaladas, pero no me gustan mucho…

2. Aprovechar el agujero y hacer virguerías como estas…

Ay, Pinterest, qué haría yo sin ti… Pero esta vez no. Demasiado esfuerzo para lo que va a durar.

3. Al final se me ocurrió algo entre la primera opción y la segunda. Os cuento:

Material necesario: 

  • Rodilleras termoadhesivas
  • Lápiz. Yo tengo este, que es como el jaboncillo de toda la vida pero en formato lápiz de minas
  • Papel o cartulina para hacer la plantilla
  • Tijeras
  • Plancha

Material necesario para arreglar pantalón roto.

Hacemos el dibujo encima de la rodillera.

Trazar contorno en la rodillera.

Si no se os da bien dibujar, aquí os he buscado unas siluetas para hacer plantillas.

Contorno sobre la rodillera.

Recortamos el dibujo y borramos los restos del trazo.

Recortar el parche y borrar los restos del trazo.

Antes de pegar el parche recortamos los flecos del roto para que no queden bultitos.

Recortar los flecos del roto

Centramos bien el parche de manera que tape bien el agujero y planchamos durante unos 15 segundos sin mover la plancha.

Planchar el parche sobre el agujero

El resultado:

Resultado del pantalón arreglado

Y si tenemos tiempo y ganas, le podemos añadir algún detalle 🙂

Nube con lluvia

 

Superhéroes y princesas. Los estereotipos de género en los niños

Niña mostrando músculos

Hoy se celebra carnaval en la escuela de mis hijos. Mi marido, tras dejar a los niños en el colegio, vuelve a casa pensativo. Me comenta molesto algo que ya veíamos venir: la mayoría de las niñas iban disfrazadas de princesa y la mayoría de los niños de superhéroe. Nuestra propia hija de cinco años ha pasado de querer ser el caballero Sant Jordi y Wonder Woman a ir de princesa medieval. Parece que no haya manera de escapar de los consabidos estereotipos de género.

Hablando con otras madres con las que compartimos la misma preocupación, surge la idea de trasladar el tema al colegio para que lo aborden en las aulas. Al fin y al cabo, ¿qué padres no querrían que sus hijos e hijas crezcan en un entorno lo más igualitario posible? Seguro que todos están de acuerdo con esta iniciativa. Pero yo no lo acabo de ver claro. Me encanta la idea, y seguro que a las demás familias también. El problema es que no todos tenemos el mismo rasero para juzgar un hecho como sexista. Es decir, cuando a una niña sus padres la llaman ‘princesa’, cuando le ponen películas de Barbie, cuando su madre lleva taconazos, cuando el día que lleva chándal su abuela le dice “hoy no pareces tú”, cuando le dicen lo guapa que va cuando lleva faldas con las que no tiene libertad de movimiento… ¿qué mensaje le estamos dando?

A menudo los niños reciben mensajes sexistas dentro del seno familiar y sus progenitores no somos conscientes de ello. Los padres somos el principal modelo para nuestros hijos, al menos hasta que son adolescentes. ¿Y qué puede hacer la escuela frente a esta situación? ¿De qué sirve que la maestra le diga a una niña que su valía está en su interior cuando su principal referente femenino prefiere enfundarse unos tacones para estar más atractiva antes que ponerse unos cómodos zapatos planos que respeten su pies y su columna? Hablar de los roles de género significa en muchas ocasiones cuestionarse la propia identidad y preguntarse si las acciones que uno hace a diario son un buen ejemplo para los hijos. Ahí es donde empieza todo, en el examen crítico de nuestros actos y en el mensaje que enviamos con nuestra actitud más que con nuestras palabras. No podemos evitar la omnipresencia de la publicidad sexista y la presión de grupo. Aún así, creo que si nuestros hijos e hijas reciben un mensaje de igualdad y respeto en casa, podremos contrarrestar el efecto de los otros. 

Y a todo esto os preguntaréis ¿y los niños, qué? Pues no sé vosotros, pero a mi me parece mucho más interesante y emocionante ir a rescatar a la gente, visitar el espacio o el lejano oeste que pasarme el día encorsetada, peinándome y esperando a que venga un príncipe a rescatarme. No deberíamos permitir que nuestras hijas se acomoden en la idea de que la aventura está reservada para los chicos y que su lugar está siempre un paso por detrás de sus compañeros, ¿no os parece?

Photo credit: krissen via Visual hunt /  CC BY-NC-ND