Cómo celebrar los cumpleaños de una manera más educativa

 

Hace unos días celebramos la fiesta de cumpleaños de mi hija. Bueno, el de mi hija y el de la mitad de sus amiguitos de clase, porque hacemos una sola fiesta por trimestre. El año pasado sentamos las bases de lo que iban a ser las celebraciones de cumpleaños, y estoy encantada. Os explico cómo nos lo montamos, por si os gusta alguna idea:

En primer lugar, buscamos una fecha que nos vaya bien a todos, o por lo menos a las familias de los homenajeados. Quizás sea la parte más complicada. Nosotros usamos Doodle para facilitar el proceso. Una vez fijado el día, se lo comunicamos al resto de las familias y lo demás ya es pan comido.

¿Dónde celebramos los cumpleaños?

Vamos a un parque y, a menos que llueva, yo solo le veo ventajas. Porque me encantan los parques, porque los niños van sueltos y les da el aire y el sol (¡vitamina D!), porque juegan con objetos de la naturaleza y el juego es más creativo, porque se ensucian, y cuanto más sucios más felices, porque pueden gritar a todo pulmón y no retruena en mi cabeza, porque hay otros niños, porque no hay que preocuparse por si ensucian los muebles o las paredes, porque recoger al final de la fiesta es más fácil, porque es gratis… En fin, donde esté el parque que se quiten los chiquiparks.

¿Cómo nos organizamos para preparar el cumpleaños?

Cada familia implicada se encarga de un aspecto (bebidas, aperitivos, bocadillos…). A nosotros nos tocó fungibles (vasos, platos, servilletas, mantel…) y decoración. La verdad es que me sabe muy mal generar tanto plástico, así que me fuí a una tienda Tiger y compré unos vasitos de papel chulísimos. Salen más caros que los de plástico, pero por un día… Aunque lo suyo sería llevar vajilla de la que no es de usar y tirar, cosa que hago cuando somos menos gente. También encontré unas guirnaldas de papel de colorines que quedaron super bien. Un consejo: llevad un rotulador permanente para marcar los vasos y evitar que la gente los pierda y tenga que coger uno nuevo cada vez.

Respecto al tema comida, voy concienciada con que ese día van a comer de cualquier manera. Lo llevo asumido y así no me agobio. De todos modos, intentamos que no haya mucho azúcar. No ofrecemos golosinas ni bebidas azucaradas, sólo agua y zumos, y los pasteles son caseros. Y también llevamos fruta cortada. Es posible que la mayor parte nos la acabemos comiendo los padres, pero así va calando el mensaje de que la fruta también es una opción buena y divertida. Creo que muchas veces la comida tiene el significado que nosotros le queramos dar desde casa. Si cuando celebramos algo solo ofrecemos comida de poca calidad nutricional, al final los niños se quedan con la idea de que la fruta y la verdura son aburridas y que no tienen cabida en eventos festivos. No deberían asociar la comida basura con celebraciones y ocasiones especiales, y si alguna vez les damos algún capricho, mejor no darle más importancia.

Algunas ideas de aperitivos saludables:

Brochetas de frutas, piruletas de fruta bañadas en chocolate 70%, hummus, guacamole, palitos de zanahoria, palitos de pan, tortilla, pizza casera, quiche de verduras, frutos secos (mis hijos últimamente están obsesionados con los pistachos y los cacahuetes con cáscara), nocilla casera (yo hago esta, que está buenísima), pinchitos de melón con jamón, helados de fruta caseros…

Animación para el cumpleaños

Bueno, tampoco es que los niños necesiten que se les estimule mucho para que se lo pasen bien todos juntos en un parque, pero como se trataba de una celebración quisimos darle un toque más festivo. Para empezar, mi marido se puso a hacer espadas, gorros y perritos con globos. Si no habéis hecho nunca, no os preocupéis; solo tenéis que introducir la palabra globoflexia en el buscador y os saldrán un montón de tutoriales. Para facilitarnos la vida, usamos el inflador de pelotas de Pilates que venden en el Decathlon.

Mucho mejor que los que venden para inflar globos. Fue un éxito total, pero os aconsejo que llevéis una cantidad limitada de globos. Mi marido no daba abasto, entre los niños de nuestra fiesta y los de la fiesta de al lado…

Otro hit infantil es el pintacaras. Nosotros tenemos este kit de maquillaje de la marca Snazaroo porque las pinturas son de muy buena calidad, tiene esponjitas y gel con purpurina. Y claro, si llevar la cara pintada ya es total, cuando lleva el toque de purpurina ya ni os cuento. Además lleva una chuleta con diferentes diseños explicados paso a paso, con lo que los resultados son muy buenos. Es alucinante ver cómo hasta el niño más movido aguanta pacientemente mientras le pintas la cara.

Para que hicieran algo de manera más activa, el año pasado llevé cartulinas, colores, pegatinas y tijeras para que crearan su propia corona personalizada. Pensaba que, estando en el parque, no les harían ni caso, pero no fue así. Al final todos llevaban corona, tanto los que cumplían años como los que no. Este año no lo hicimos porque había amenaza de lluvia y no teníamos claro si podríamos hacer la fiesta. Total que al final hizo un día de verano de esos que te dejan colores en la cara y nos perdimos la confección de coronas, pero doy fe de que todo lo que sean actividades manipulativas y creativas suele ser una buena idea.

Otra cosa que nos perdimos por miedo al mal tiempo fue la guerra de globos de agua. Si tenéis la suerte de que vuestra celebración cae durante los meses cálidos, las actividades con agua son el no va más. Globos, pistolas de agua, circuitos de agua en el suelo, piñatas de agua hechas con globos y con las que hay que mojarse (literalmente) para conseguir el premio… Además, como beneficio colateral tenemos que agua+tierra= ¡barro!

Para que los niños trabajen en equipo, os propongo que ideéis una búsqueda del tesoro. Una mamá del grupo tuvo la idea y nos tuvo a los niños y a los padres en vilo todo el rato. Fue genial. En nuestro caso, unos piratas se infiltraron en nuestra fiesta y se llevaron todas las velas de los pasteles, con lo que era de vital importancia encontrarlas. Nos dejaron una carta colgada de un árbol donde nos explicaban por qué se las habían llevado y cómo las podríamos recuperar. A cada niño le pusimos una pegatina con un número y tenían que encontrar a otro niño con el mismo número para que fuera su pareja. Como la fiesta era para niños y niñas de cinco años, la cosa no podía ser muy complicada. Además, si la recompensa tarda mucho en llegar, es posible que a estas edades pierdan interés fácilmente. Lo importante es adaptar el reto a la edad de los niños.

Y para finalizar, y una vez encontradas las velas, quedan los pasteles. Como he dicho antes, los hacemos en casa, y aunque en general no son tan resultones sí son más buenos y saludables. Además, os diré el secreto que hace que el pastel casero más modesto le dé mil patadas a cualquier pastel de diseño: lacasitos. No sé qué tienen, pero el segundo después de soplar las velas los niños se abalanzan como fieras para arrancarlos de encima de los pasteles. Eso si no los han estado arrancando antes a escondidas durante la confusión del momento.

Y hasta aquí nuestra fiesta. A partir de este momento, poco a poco las familias se fueron marchando, todos ayudando un poquito a recoger para que el parque quedara tal y como lo encontramos. Y ahora unas cuantas…

Reflexiones en torno a los valores educativos de las fiestas de cumpleaños

Hay muchas razones por las que me gusta tanto esta manera de celebrar los cumpleaños, porque aunque parezca algo muy casual, que lo es, también hay mucha reflexión detrás de algo tan simple como lo que hicimos el domingo. Y no solo en lo que hicimos, sino que también en lo que no hicimos. Porque cada uno tiene una manera de entender la crianza y hace las cosas conforme a sus principios.

En primer lugar, me gusta porque al ser una celebración en grupo no se entroniza a ningún niño ni se le vuelve el centro de atención. Para eso cada niño hace una celebración más íntima con su familia. Además, con el tema de la confección de coronas para todos, el protagonismo queda aún más diluido. Nuestra sociedad ya tiene demasiados niños con síndrome del emperador, con síndrome del niño hiperregalado, hiperconsentidos… entonces, mejor no contribuir más a ello, ¿no? Recuerdo con horror un cumpleaños al que fuimos en el que, en un momento de la celebración, se nos convocó a todos los asistentes, sentaron al cumpleañero en una silla y los invitados fueron a rendirle homenaje uno por uno ofreciéndole sus respectivos regalos. El protagonista emprendió la ardua tarea de ir desenvolviendo los regalos sin prestarles excesiva atención y sin aparente sorpresa. Eso sí, cuando hubo desenvuelto el último paquete y se dió cuenta de que el chorreo de regalos había dejado de fluir, se quedó muy frustrado, se levantó y se puso a jugar en el chiquipark sin hacer caso a ninguno de los presentes.

Y precisamente este es otro aspecto que me parece muy positivo: en nuestras fiestas de cumpleaños no hay regalos. Y como nunca ha habido, pues los niños ni siquiera los esperan. Habrá gente a la que le gustará, pero si en una clase hay 25 niños y niñas, eso significa que al cabo de un curso escolar vamos a tener que comprar, por lo menos, 25 regalos. No me parece ético imponer tal gasto a las familias, francamente. Parece que hoy en día haya que gastar para todo. Algo que antes se resolvía con un chocolate con churros en casa se ha ido sofisticando de tal manera que parece que si no pasas por la industria del ocio no eres nadie. Porque nos han hecho creer que para hacer una buena fiesta de cumpleaños hay que enviar invitaciones, alquilar una sala, elegir un tema para la decoración, contratar el catering, encargar una tarta de diseño, comprar regalitos para los asistentes, alquilar los servicios de un payaso, o de una orquesta, o de una mago. ¡La última que me han dicho es la de un photocall en una fiesta para un niño de dos años!

Me pregunto cuál es el objetivo de todo esto. Claramente es mucho más trabajo y gasto, y no creo que los niños vayan a ser más felices con este tipo de celebración. ¿No será que estamos convirtiendo otro aspecto más de la crianza de los hijos en una competición en la que uno no puede quedarse atrás?

Además, a menudo en estas fiestas el aforo es limitado, con lo que algunos niños se quedan fuera. Y sí, está claro que todos elegimos con quien queremos estar, y hay gente con la que nos llevamos mejor y gente con la que no acabamos de congeniar, pero cuando eres un niño y tu círculo social se reduce a los compañeros de tu clase y poco más, duele quedarse fuera de las celebraciones. Otra razón para elegir el parque: aforo ilimitado. Pasen y pónganse cómodos.

Fotos vía Visual Hunt

Pregunta para mi hija: y tú, ¿qué vas a inventar?

Mujer inventora

El otro día estaba en la cocina cuando vino mi hija y se puso a buscar dentro del cubo de reciclaje. Al cabo de un rato salió con las manos llenas de tapas y tapones de diferentes materiales y medidas, y cuando le pregunté que qué hacía, me dijo:

“Mamá, es que necesito muchos objetos distintos para ser inventora”.

Le iba a decir que no se hurga en la basura, pero ante semejante respuesta, me sentí de lo más orgullosa y la dejé hacer (que quede claro que sólo tocó la parte del reciclaje. Por si hay algún inspector de salud por ahí…).

Enlazando con lo que escribí sobre los estereotipos de género, os dejo un vídeo que nos hizo llegar un padre de la escuela. Muy inspirador. Se me ha puesto la piel de gallina (y quizás los ojillos brillantes…)

Ver en YouTube: What are you going to make?

Me encanta la frase de una de las niñas hacia el final. Porque no solo se trata de hacer ver al mundo que también hay mujeres que han inventado cosas con mucho impacto social. El hacerlas visibles también sirve de estímulo para nuestras hijas. Si otras mujeres antes han hecho todas estas cosas, yo también puedo.

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Foto inicial de Olabi Makerspace vía Flickr.

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Carta de un niño a la gente que hace parques

Señores y señoras que hacéis parques:

Soy un niño de 2 años. Hoy he ido al parque y me he puesto muy triste cuando he visto que el tren de madera ya no estaba. En su lugar había un tobogán y unos columpios. No me gustan tanto, porque siempre me tengo que esperar a que estén vacíos, y además mis papás me tienen que ayudar para subir y para usarlos. Antes podía jugar en el tren sin ayuda, porque era bajito por algunos sitios y alto por otros, y yo me subía donde podía y nunca me hacía daño. Además, como era tan grande, también podía jugar con mi hermana mayor y con otros niños sin tener que esperar. Y lo mejor de todo es que podía hacer muchas cosas. A veces trepaba por la pared que tenía cositas enganchadas, otras veces me escondía dentro del tren para que no me encontraran los monstruos, otras veces preparábamos la cena con palos y tierra, otras jugábamos a que éramos Spiderman y nos colgábamos de las cuerdas. Y muchas cosas más. Porque lo que más nos gusta es decidir cómo queremos jugar.

Sé que hacer parques no es fácil. Quizás no tenéis hijos que os expliquen cómo tienen que ser, pero mis amigos y yo sabemos mucho. Si venís a ver cómo jugamos y nos preguntáis, os podremos ayudar. Mis papás me han contado que hay unas personas muy importantes que dicen que las ciudades tienen que tener sitios para que los niños podamos jugar bien, y que los señores y señoras que hacen parques nos tienen que escuchar. Y mis amigos y yo nos hemos puesto tristes porque nadie nos ha preguntado si queríamos cambiar el tren por un tobogán.

Señores y señoras que hacéis parques, los niños y niñas tenemos una misión muy importante: tenemos que jugar mucho y bien, porque nos estamos preparando para cuando seamos mayores. Por favor, tenednos en cuenta, pero de verdad.

Yo no sé escribir, y casi ni sé hablar. Esta carta la ha escrito mi mamá, que me conoce muy bien y ha entendido lo que pensaba cuando ha visto mi cara al llegar hoy al parque.

Nota de la mamá: el parque en cuestión es el del barrio del Clot, en Barcelona.

 

Foto vía Visual Hunt