Libros infantiles que dejan huella y criterios a tener en cuenta

Elegir un libro para un niño o niña no debería ser algo que nos tomáramos a la ligera. Los niños tienen que leer mucho, y lo que leen debe ser de calidad. No todo vale, ya que ellos están en una edad de conformación de la realidad, y por eso hay que tener cuidado con lo que les ofrecemos.

En este artículo he hecho una pequeña selección de libros que me gustan por su contenido y por sus ilustraciones. También hago un poco de análisis, por si os sirve de ayuda para la próxima vez que tengáis que escoger un libro.

Pequeña en la jungla

El primer libro de mi selección lo compré pensando en mi hijo. Mi hija Sílvia nació a principios del 2012, y mi hijo Adrià nació prematuramente a finales del año 2013. Eso significa que, llevándose casi dos años, están en cursos consecutivos. Además, Adrià es de los pequeños de la clase. Qué diferente es todo para él, cuánto esfuerzo tiene que hacer para seguir el ritmo de sus compañeros. Además tiene su orgullo y no se deja ayudar, con las frustraciones que eso comporta… Pero cuando consigue lo que se propone ¡es inmensamente feliz!

Pequeña en la jungla va de eso, de ser la menor de un grupo y de sus implicaciones. Porque cuanto más pequeña es una, mayores son los retos, pero también la satisfacción que se obtiene al superarlos. Es un libro encantador, como todos los que escribe e ilustra Marta Altés (seguro que conocéis su bestseller Soy un artista). Me encanta cómo la autora conecta con el pensamiento infantil, y cómo sus libros, aparentemente simples y sin moralina, te dejan con buen rollo y pensando “¡qué bueno, qué bien reflejado!” Además, no nos olvidemos de la mirada de género. La protagonista es femenina. ¡Y valiente!

Con Tango son tres

En el zoo de Central Park vive una pareja de pingüinos macho, Roy y Silo, que lleva una vida igual a la de las otras parejas de pingüinos. Igual hasta el día en que ven que de la piedra que están incubando no sale ningún polluelo. Su cuidador, al darse cuenta, les pone un huevo de otra pareja que había tenido dos y, al cabo de un tiempo, nace Tango. Tango fue la primera pingüina en tener dos padres.

El libro fue publicado en 2005, y aunque fue criticado por sectores conservadores de la sociedad americana y prohibido en muchas bibliotecas y escuelas, ha recibido muchos premios y ha sido éxito de ventas. Por si no lo sabíais, es una historia real.

Descubrí este libro en la feria del libro infantil y juvenil que hacen en Barcelona (Món Llibre) y me encantó. Se lo leí a mis hijos y aprovechamos para hablar de los diferentes tipos de familia que existen y para pensar en gente que conocemos que no se adapta al modelo tradicional. Me parece importante que desde pequeños se familiaricen con el tema de las distintas orientaciones sexuales y con los diferentes modelos de familia. En el mundo de los niños, el concepto de normalidad (no como término estadístico, sino como juicio de valores) lo van conformando a medida que van observando las actitudes de la sociedad frente a las cosas. Me gusta pensar que cuando les leo Con Tango son tres estoy contribuyendo a que mis hijos vivan con normalidad el tema de las orientaciones sexuales y los modelos de familia, y que sean parte de una sociedad más tolerante. Además, ¿y si el día de mañana ellos son parte de esa minoría? Mejor que lo vivan abiertamente y que reciban la tolerancia de su entorno.

La rateta que llegia a l’escaleta (La ratita que leía en la escalera)

A día de hoy, este libro solo está en catalán.

Ya os habréis fijado en que, últimamente, florecen las versiones de los cuentos de toda la vida pero desde una óptica políticamente correcta. Colecciones como Érase dos veces de la editorial Cuatro tuercas o Contes desexplicats de la editorial Baula son algunos ejemplos de esta tendencia. Me parece una buena iniciativa, ya que no todos los libros, por muy infantiles que sean, deberían ser leídos a nuestros hijos pequeños si de verdad nos importa qué valores les queremos transmitir. Por mucho que sean el reflejo de una época determinada que nada tiene que ver con la nuestra, eso los niños no lo saben. Cuando sean mayores y tengan un espíritu crítico bien formado podrán discernir si comulgan o no con lo que están leyendo. Así por ejemplo, estaréis de acuerdo conmigo con que en los cuentos de Charles Perrault (La Cenicienta, Caperucita Roja, La Bella Durmiente…) la figura femenina sale mal parada si tenemos en cuenta criterios feministas básicos (mujer pasiva, mujer florero, mujer que es rescatada por un hombre, mujer harpía…)

Volviendo a las versiones políticamente correctas de los cuentos clásicos, también tengo mis dilemas. Si os soy sincera, a menudo me da la sensación de que algunos de estos libros caen en una tendencia demasiado adoctrinadora al explicitar el mensaje que hay detrás de la historia. Os pondré un ejemplo de una versión de Los tres cerditos en que el Lobo es bueno y ayuda a los tres cerditos (de los tres, uno es una cerdita) a construir su casa. En un momento del cuento el Lobo dice así:

-Chicos, vosotros cargaréis las carretillas y, Matilde, tú puedes quedarte haciendo la comida. […]

-Puede que tú también te hayas creado una opinión de nosotros tres sin conocernos. A mi me gusta cargar y no me gusta nada cocinar. A mi hermano, en cambio, le encanta cocinar y odia todo lo que tenga ruedas, incluidas las carretillas -dijo la cerdita.

-Creo que has pensado así porque ella es chica y yo soy chico. -añadió el cerdito pequeño.

-Sí -continuó el mayor-. A mí, por ejemplo, me encanta el rosa… y soy chico.

Hubiera preferido algo más sutil, como que el lobo no hubiera hecho ningún reparto de tareas, y que un cerdito macho se hubiera puesto a cocinar por iniciativa propia, y que la cerdita hubiera cogido la carretilla. En definitiva, que se hubieran ahorrado el mensaje moral. Me parece un error subestimar al lector y explicitar demasiado, incluso cuando la audiencia son niños.

Como dice Bel Olid en su libro Las heroínas contraatacan y a propósito de un libro que no viene al caso (creo que también este libro está solamente en catalán, por lo que traduzco este fragmento):

Como hemos visto por el argumento, este libro no es nada sutil en el planteamiento del problema ni en el mensaje moral que quiere transmitir, que incluso hace explícito uno de los personajes. Este es uno de los defectos menos tolerados por los críticos de la literatura infantil: una moral excesivamente evidente da a los textos un regusto marcadamente pedagógico del que hay que huir, y que además acostumbra a ir en detrimento de su calidad literaria.

El escritor James Finn Garner, a modo de contrapunto y de la manera más satírica, ha creado una colección llamada Cuentos infantiles políticamente correctos. En ella encontramos perlas como esta:

Hola, Cenicienta, soy el responsable de tu padrinazgo en el reino de las hadas o, si lo prefieres, tu representante sobrenatural privado. ¿Así que deseas asistir al baile, no es cierto? ¿Y ceñirte, con ello, al concepto masculino de belleza? ¿Apretujarte en un estrecho vestido que no hará sino cortarte la circulación? ¿Embutir los pies en unos zapatos de tacón alto que echarán a perder tu estructura ósea? ¿Pintarte el rostro con cosméticos y productos químicos de efectos previamente ensayados en animales no humanos?

Aquí observamos un revisionismo ficcional llevado al extremo, ya que más que un cuento infantil parece un panfleto feminista. Evidentemente son textos pensados para adultos y desde el humor, pero al mismo tiempo nos hacen cuestionarnos algunas cosas que a menudo pasan desapercibidas. Si los adultos elegimos y compramos los libros que van a leer nuestros hijos, debemos tener una mirada crítica. Y eso se entrena.

Toda esta divagación para que entendáis por qué me gusta el libro La rateta que llegia a l’escaleta. En primer lugar, porque es una ratita que, con la moneda que encuentra, no se plantea comprarse cosas “de chicas”, sino que se compra libros porque le encanta leer. En segundo lugar, porque a pesar de ser una intelectual, no le cierra las puertas a una relación amorosa. A menudo en la literatura tradicional los personajes femeninos intelectuales están amargados, llevan gafas, son desgarbados y gruñones y no tienen vida sentimental. En tercer lugar, porque su criterio para escoger pareja va más allá de lo superficial. La ratita pregunta a sus pretendientes cuál es el último libro que se han leído. En cuarto lugar, porque el final feliz no es solo que encuentra a su media naranja (algo típico en la literatura tradicional: encontrar pareja como último fin de la mujer), sino que juntos se embarcan en un proyecto: crear una biblioteca y promulgar el amor por los libros. Y todas estas conclusiones las acaba deduciendo el lector, de manera más o menos consciente, sin necesidad de que el autor explicite el mensaje. Seguramente un lector joven no hará un análisis como el que yo he hecho, pero del mismo modo en que la literatura tradicional nos tiene acostumbrados a ciertos estereotipos sin que muchas veces seamos conscientes de ello, también podemos hacer que nuestros hijos se acostumbren a otras realidades más justas.

 

La importancia de leer en la infancia

De todas las fiestas, creo que la de Sant Jordi es la que más me gusta. Un día que gira en torno a la literatura, en que las calles se llenan de puestos de libros y de rosas, en que la compra de algún libro es casi obligatoria y no me siento mal por sucumbir al impulso consumista (un libro es siempre una buena inversión). Las rosas que se venden este día son, en general, demasiado embalsamadas y sintéticas para mi gusto. Por eso prefiero que me regalen un rosal chiquitito, de pitiminí, para cuidarlo y disfrutarlo durante más tiempo. Creo que la tradición de que el regalo para los hombres es un libro y el regalo para las mujeres es una rosa hace tiempo que fue actualizada. ¡Nosotras también queremos libro!

Como comentaba en anteriores artículos, la maternidad me ha traído unas gafas que han ampliado mi espectro de intereses e inquietudes. Os confesaré que la sección en la que más tiempo paso cuando entro en una librería es la de literatura infantil (seguida por la sección de educación y crianza). Me encantan los álbumes ilustrados, y ahora que ya hemos dejado atrás los cuentos de animales de la granja con ruiditos y texturas, cada vez me lo paso mejor. Evidentemente, la educación de los hijos empieza desde el minuto cero, y los animalitos de la granja tienen su importancia, pero en mi opinión, es a partir de los tres/cuatro años cuando empieza la diversión. No es que tenga prisa por que mis hijos crezcan, pero cuando encuentro un libro que me encanta pero que es para niños mayores, no puedo evitar pensar en el día en que podrán entenderlo y en lo bien que nos lo vamos a pasar leyéndolo. La verdad es que cuesta reprimirse y no comprarlos todos.

Los niños se convierten en lectores en el regazo de sus padres. Emilie Buchwald.

Quiero que mis hijos amen los libros, y para ello hay que predicar con el ejemplo. Hace tiempo que desterramos las tabletas en casa, y ya no miramos la tele. Eso nos deja muchísimo tiempo para la creatividad y la lectura. Además, todos estamos más presentes y se estrechan los vínculosTienen que vernos leer y disfrutar haciéndolo. Tienen que percibir que la lectura es algo fascinante. Mi hija últimamente dibuja retratos de familia en los que llevamos un libro en las manos 🙂

Esa cosita que hay en la mano derecha de mi marido es un libro

Quiero que mis hijos sean capaces de hacer cosas por voluntad propia, que tomen la iniciativa en sus momentos de juego y no que sea cualquier vídeojuego o aplicación “educativa” la que determine qué tienen que hacer en cada momento.

Quiero que sean capaces de estar concentrados durante un buen rato mientras hacen cualquier actividad sin tener que estar pendientes del constante bombardeo de estímulos que les proporcionan las maquinitas.

Quiero tenerles totalmente entregados mientras les leo un cuento.

Quiero que sueñen, que imaginen y que viajen a mundos fantásticos sin moverse de casa.

Quiero que desarrollen un espíritu crítico, que sepan ordenar sus ideas y expresar correctamente sus pensamientos.

Quiero que tengan un léxico rico y una buena gramática, porque la manera como nos expresamos dice mucho de nosotros.

Quiero que sepan cómo son los países, los mares, los animales, las montañas, los pueblos, las culturas, las tradiciones. Que vean que hay otros mundos, otras gentes y otras maneras de pensar, y que aprendan a ser tolerantes.

Quiero que se rían, que se emocionen o incluso que se indignen al leer.

Quiero que sean felices con un libro entre sus manos.

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