¿Urbanismo de género?

Convertirme en madre ha hecho que sea una persona más sensible a todo lo que pasa a mi alrededor. Las noticias me afectan el doble, puesto que no puedo evitar pensar en cómo repercutirán en mis hijos, o en cómo me sentiría si estuvieran en la piel de otros niños que no tienen su suerte. Ser madre de una niña, además, ha hecho que tenga la piel mucho más fina ante las injusticias de género. Y con eso no quiero decir que no tenga que preocuparme por mi hijo; todo lo contrario. Si todos educásemos a nuestros hijos, sean niños o niñas, en la igualdad de género ahora no estaría escribiendo este artículo. Y así voy, observando el mundo desde este nuevo prisma que me ha traído la maternidad.

Hoy, mientras volvía a casa en autobús, he cogido un periódico abandonado en un asiento y me he puesto a hojearlo. Cuando llegaba al final, una noticia me ha llamado la atención: “El urbanismo barcelonés tendrá más en cuenta a la mujer”. ¿Urbanismo de género? La verdad es que puedo entender que el urbanismo tenga en cuenta a los niños, a los ancianos, a los minusválidos, o a cualquier colectivo cuyas capacidades físicas, motoras o cognitivas sean insuficientes para que estos puedan moverse libremente por la ciudad. Y puedo entender que el urbanismo tenga en cuenta a los jóvenes, a las familias, a los animales, a los peatones, a la gente que se desplaza en bicicleta, a los deportistas, a los skaters… Pero ¿en qué sentido habría que adaptar la ciudad para las mujeres? ¿Acaso tenemos necesidades distintas a las de los hombres? Pues según la noticia, hay gente que piensa que sí. A partir de ahora, en Barcelona habrá menos calles, plazas y parques que tengan rincones y zonas oscuras para garantizar la seguridad de las mujeres, y la vía pública será más accesible para que podamos llevar mejor los carritos de la compra, los cochecitos de bebé y las sillas de ruedas de las personas a las que cuidamos. Bufff…

Me parece fantástico que las ciudades se conviertan en lugares más amigables, donde no haya inseguridad ni barreras arquitectónicas y donde todos sintamos que se nos tiene en cuenta. Lo que me parece triste es que aún hoy en día se piense en la mujer como el colectivo que cuida de los otros, que lleva a los niños al cole, al médico, que cuida de los mayores y que va a hacer la compra. Y sí, soy muy consciente de que, hoy por hoy, es nuestra realidad, y que por las calles la mayoría de personas que trajinan cochecitos, sillas y carros son mujeres. Pero etiquetar estas acciones urbanísticas como “urbanismo de género”, o decir que “se incorpora la mirada de género en el urbanismo para que la ciudad sea más igualitaria y segura”, es dar por buena la visión paternalista de la sociedad hacia las mujeres. Así, lo único que conseguimos es perpetuar la asignación de tareas que tradicionalmente se han asignado al género femenino. Y lo que más me sorprende es que haya sido la misma regidora de Feminismos y LGTBI la que ha anunciado estas medidas, argumentando que “hombres y mujeres no viven la ciudad de la misma manera”. ¿Por qué desde el ayuntamiento no anuncian este proyecto como “urbanismo inclusivo”, o “ciudades amables”, o con cualquier otra etiqueta que no sea “urbanismo de género”? Creo que están haciendo un flaco favor a las mujeres.