Carta de un niño a la gente que hace parques

Señores y señoras que hacéis parques:

Soy un niño de 2 años. Hoy he ido al parque y me he puesto muy triste cuando he visto que el tren de madera ya no estaba. En su lugar había un tobogán y unos columpios. No me gustan tanto, porque siempre me tengo que esperar a que estén vacíos, y además mis papás me tienen que ayudar para subir y para usarlos. Antes podía jugar en el tren sin ayuda, porque era bajito por algunos sitios y alto por otros, y yo me subía donde podía y nunca me hacía daño. Además, como era tan grande, también podía jugar con mi hermana mayor y con otros niños sin tener que esperar. Y lo mejor de todo es que podía hacer muchas cosas. A veces trepaba por la pared que tenía cositas enganchadas, otras veces me escondía dentro del tren para que no me encontraran los monstruos, otras veces preparábamos la cena con palos y tierra, otras jugábamos a que éramos Spiderman y nos colgábamos de las cuerdas. Y muchas cosas más. Porque lo que más nos gusta es decidir cómo queremos jugar.

Sé que hacer parques no es fácil. Quizás no tenéis hijos que os expliquen cómo tienen que ser, pero mis amigos y yo sabemos mucho. Si venís a ver cómo jugamos y nos preguntáis, os podremos ayudar. Mis papás me han contado que hay unas personas muy importantes que dicen que las ciudades tienen que tener sitios para que los niños podamos jugar bien, y que los señores y señoras que hacen parques nos tienen que escuchar. Y mis amigos y yo nos hemos puesto tristes porque nadie nos ha preguntado si queríamos cambiar el tren por un tobogán.

Señores y señoras que hacéis parques, los niños y niñas tenemos una misión muy importante: tenemos que jugar mucho y bien, porque nos estamos preparando para cuando seamos mayores. Por favor, tenednos en cuenta, pero de verdad.

Yo no sé escribir, y casi ni sé hablar. Esta carta la ha escrito mi mamá, que me conoce muy bien y ha entendido lo que pensaba cuando ha visto mi cara al llegar hoy al parque.

Nota de la mamá: el parque en cuestión es el del barrio del Clot, en Barcelona.

 

Foto vía Visual Hunt