Rodilleras fáciles y originales

Mi hija destroza los pantalones. Es así, no hay nada que podamos hacer. El suelo del patio ejerce una atracción en ella más fuerte que mis peticiones y amenazas ruegos . Día tras día asisto resignada al espectáculo de ver sus rodillitas asomando por los agujeros de los pantalones. Y que conste que me encanta que sea una niña inquieta y activa, pero claro, una no es de oro…  Entonces me puse a pensar en posibles soluciones y di con estas:

1. Ponerle las clásicas rodilleras termoadhesivas ovaladas, pero no me gustan mucho…

2. Aprovechar el agujero y hacer virguerías como estas…

Ay, Pinterest, qué haría yo sin ti… Pero esta vez no. Demasiado esfuerzo para lo que va a durar.

3. Al final se me ocurrió algo entre la primera opción y la segunda. Os cuento:

Material necesario: 

  • Rodilleras termoadhesivas
  • Lápiz. Yo tengo este, que es como el jaboncillo de toda la vida pero en formato lápiz de minas
  • Papel o cartulina para hacer la plantilla
  • Tijeras
  • Plancha

Material necesario para arreglar pantalón roto.

Hacemos el dibujo encima de la rodillera.

Trazar contorno en la rodillera.

Si no se os da bien dibujar, aquí os he buscado unas siluetas para hacer plantillas.

Contorno sobre la rodillera.

Recortamos el dibujo y borramos los restos del trazo.

Recortar el parche y borrar los restos del trazo.

Antes de pegar el parche recortamos los flecos del roto para que no queden bultitos.

Recortar los flecos del roto

Centramos bien el parche de manera que tape bien el agujero y planchamos durante unos 15 segundos sin mover la plancha.

Planchar el parche sobre el agujero

El resultado:

Resultado del pantalón arreglado

Y si tenemos tiempo y ganas, le podemos añadir algún detalle 🙂

Nube con lluvia

 

Superhéroes y princesas. Los estereotipos de género en los niños

Niña mostrando músculos

Hoy se celebra carnaval en la escuela de mis hijos. Mi marido, tras dejar a los niños en el colegio, vuelve a casa pensativo. Me comenta molesto algo que ya veíamos venir: la mayoría de las niñas iban disfrazadas de princesa y la mayoría de los niños de superhéroe. Nuestra propia hija de cinco años ha pasado de querer ser el caballero Sant Jordi y Wonder Woman a ir de princesa medieval. Parece que no haya manera de escapar de los consabidos estereotipos de género.

Hablando con otras madres con las que compartimos la misma preocupación, surge la idea de trasladar el tema al colegio para que lo aborden en las aulas. Al fin y al cabo, ¿qué padres no querrían que sus hijos e hijas crezcan en un entorno lo más igualitario posible? Seguro que todos están de acuerdo con esta iniciativa. Pero yo no lo acabo de ver claro. Me encanta la idea, y seguro que a las demás familias también. El problema es que no todos tenemos el mismo rasero para juzgar un hecho como sexista. Es decir, cuando a una niña sus padres la llaman ‘princesa’, cuando le ponen películas de Barbie, cuando su madre lleva taconazos, cuando el día que lleva chándal su abuela le dice “hoy no pareces tú”, cuando le dicen lo guapa que va cuando lleva faldas con las que no tiene libertad de movimiento… ¿qué mensaje le estamos dando?

A menudo los niños reciben mensajes sexistas dentro del seno familiar y sus progenitores no somos conscientes de ello. Los padres somos el principal modelo para nuestros hijos, al menos hasta que son adolescentes. ¿Y qué puede hacer la escuela frente a esta situación? ¿De qué sirve que la maestra le diga a una niña que su valía está en su interior cuando su principal referente femenino prefiere enfundarse unos tacones para estar más atractiva antes que ponerse unos cómodos zapatos planos que respeten su pies y su columna? Hablar de los roles de género significa en muchas ocasiones cuestionarse la propia identidad y preguntarse si las acciones que uno hace a diario son un buen ejemplo para los hijos. Ahí es donde empieza todo, en el examen crítico de nuestros actos y en el mensaje que enviamos con nuestra actitud más que con nuestras palabras. No podemos evitar la omnipresencia de la publicidad sexista y la presión de grupo. Aún así, creo que si nuestros hijos e hijas reciben un mensaje de igualdad y respeto en casa, podremos contrarrestar el efecto de los otros. 

Y a todo esto os preguntaréis ¿y los niños, qué? Pues no sé vosotros, pero a mi me parece mucho más interesante y emocionante ir a rescatar a la gente, visitar el espacio o el lejano oeste que pasarme el día encorsetada, peinándome y esperando a que venga un príncipe a rescatarme. No deberíamos permitir que nuestras hijas se acomoden en la idea de que la aventura está reservada para los chicos y que su lugar está siempre un paso por detrás de sus compañeros, ¿no os parece?

Photo credit: krissen via Visual hunt /  CC BY-NC-ND