Superhéroes y princesas. Los estereotipos de género en los niños

Niña mostrando músculos

Hoy se celebra carnaval en la escuela de mis hijos. Mi marido, tras dejar a los niños en el colegio, vuelve a casa pensativo. Me comenta molesto algo que ya veíamos venir: la mayoría de las niñas iban disfrazadas de princesa y la mayoría de los niños de superhéroe. Nuestra propia hija de cinco años ha pasado de querer ser el caballero Sant Jordi y Wonder Woman a ir de princesa medieval. Parece que no haya manera de escapar de los consabidos estereotipos de género.

Hablando con otras madres con las que compartimos la misma preocupación, surge la idea de trasladar el tema al colegio para que lo aborden en las aulas. Al fin y al cabo, ¿qué padres no querrían que sus hijos e hijas crezcan en un entorno lo más igualitario posible? Seguro que todos están de acuerdo con esta iniciativa. Pero yo no lo acabo de ver claro. Me encanta la idea, y seguro que a las demás familias también. El problema es que no todos tenemos el mismo rasero para juzgar un hecho como sexista. Es decir, cuando a una niña sus padres la llaman ‘princesa’, cuando le ponen películas de Barbie, cuando su madre lleva taconazos, cuando el día que lleva chándal su abuela le dice “hoy no pareces tú”, cuando le dicen lo guapa que va cuando lleva faldas con las que no tiene libertad de movimiento… ¿qué mensaje le estamos dando?

A menudo los niños reciben mensajes sexistas dentro del seno familiar y sus progenitores no somos conscientes de ello. Los padres somos el principal modelo para nuestros hijos, al menos hasta que son adolescentes. ¿Y qué puede hacer la escuela frente a esta situación? ¿De qué sirve que la maestra le diga a una niña que su valía está en su interior cuando su principal referente femenino prefiere enfundarse unos tacones para estar más atractiva antes que ponerse unos cómodos zapatos planos que respeten su pies y su columna? Hablar de los roles de género significa en muchas ocasiones cuestionarse la propia identidad y preguntarse si las acciones que uno hace a diario son un buen ejemplo para los hijos. Ahí es donde empieza todo, en el examen crítico de nuestros actos y en el mensaje que enviamos con nuestra actitud más que con nuestras palabras. No podemos evitar la omnipresencia de la publicidad sexista y la presión de grupo. Aún así, creo que si nuestros hijos e hijas reciben un mensaje de igualdad y respeto en casa, podremos contrarrestar el efecto de los otros. 

Y a todo esto os preguntaréis ¿y los niños, qué? Pues no sé vosotros, pero a mi me parece mucho más interesante y emocionante ir a rescatar a la gente, visitar el espacio o el lejano oeste que pasarme el día encorsetada, peinándome y esperando a que venga un príncipe a rescatarme. No deberíamos permitir que nuestras hijas se acomoden en la idea de que la aventura está reservada para los chicos y que su lugar está siempre un paso por detrás de sus compañeros, ¿no os parece?

Photo credit: krissen via Visual hunt /  CC BY-NC-ND